domingo, 23 de mayo de 2010

Eternidad

"Al atardecer, en una de las pozas del río Cazuma he visto nuestro reflejo. Íbamos las dos vestidas de primavera, Marta"

Hace unas semanas me preguntaba...y yo ¿cuándo me vestiré yo de primavera?
Hoy.
Hoy me he vestido de primavera y regreso a casa con mi piel impregnada de hierbas de monte.

Horadando el barranco he recordado mis primeras salidas a la montaña. Fue tal el impacto  que, desde entonces, lo llevo "como un sello en el corazón, como tatuaje en el brazo" que dice El Cantar de los Cantares.

La recorro asombrada y feliz como si fuera la primera vez.
Es mi referencia. La montaña es mi cofre donde escondo un tesoro preciado, la querencia más vital, la más pura, la más indomable, la más natural. Guarda mi espíritu más salvaje y noble.
Hoy, de nuevo ha renovado su alianza en mi piel, a fuego lento, como las grandes pasiones, mientras mis pies hollaban el curso de su garganta, la del río Cazuma.

Mis sentidos han estallado a la vez ante los olores de pinos, romeros, tomillos, profusión de manzanilla, espliego y salvia. Adornaban las flores gamas de amarillos, azules, blancos, morados, rosas junto a los esmeraldas de las limpias aguas del Cazuma que han reconstituido nuestros pies al final de la tarde.


Las pinturas de 5 a 7 mil años permanecen impertérritas en el abrigo de la Cova de la Araña. Nosotras pasaremos, como pasaron todos los que habitaron estas tierras: fenicios, íberos, romanos, cartagineses, moros... y ellas seguirán aquí para siempre, hablando a los hombres de la eternidad, de cuán de sagrado existe en el hombre y en su hábitat.
El tacto de mis manos agarrándose a las rocas del desfiladero, la frescura en el último tramo de la garganta, el calor que aún no es asfixiante para recorrer senderos. El agua acompañándonos siempre, en todo el recorrido, susurrando melodías mientras caía al lecho desde las rocas. El río, divertido, se escondía y tornaba a aparecer más cantarín, más juguetón... ¡Qué reconfortante!

Cuando la Gola de Lucino nos ha encajonado definitivamente y sin escapatoria en el barranco, ha cesado el murmullo del agua. Entonces el viento ha tomado el relevo y entonado el canto de la madre tierra. Su son se amplificaba en verticalidad hasta nosotras. El viento, arriba, con su melodía infinita y suspendida de las piedras calizas mientras nosotras, abajo,  eramos arrulladas por sus armónicos, que poderosos resbalaban  por las paredes verticales, cantando la inmensa soledad y la serenidad del transcurrir del tiempo.


Cansada, agotada, dolorida y feliz, sonrío...¡es primavera!

"Y cuando llego a casa, tomo el ramillete de romero y camomila y perfumo de monte mi estancia"


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viernes, 21 de mayo de 2010

Haikú

       

     

      “Una lágrima
                pintada en blanco y negro,
                             sobre Amalfi”
                                                 Artzeche





Haikú: poema corto japonés. Tres versos y 17 sílabas. Descriptivo, de la naturaleza y las estaciones.


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jueves, 20 de mayo de 2010

Kokinshū


Las perlas blancas
que en mis mangas cayeron
cuando con el corazón       
aún pleno
nos separamos,
las llevo conmigo
como recuerdo suyo.

Kokinshū: primer recopilatorio de poesía japonesa, época imperial. Fue también la primera antología que se dividió en poemas de las estaciones y del amor. La primacía de los poemas de las estaciones fue empezada en el Kokinshū y continúa aún estos días con la tradición del Haikú.


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miércoles, 19 de mayo de 2010

"Frühling"




FRÜHLING                                                              PRIMAVERA

In dämmrigen Grüften                    En el fondo de las peñas crepusculares
träumte ich lang                                              he  soñado largamente
von deinen Bäumen und blauen Lüften,       con tus árboles y aire azul,
von deinem Duft und Vogelsang.  con tus aromas y con tus cantos de pájaros.

Nun liegst du erschlossen                         Ahora te has desplegado
in Gleiss und Zier                                    en esplendores y aderezos,
von Licht übergossen                               desbordando de luz,
wie ein Wunder vor mir.                         como un milagro ante mí.

Du kennest mich wieder,                         Tú me reconoces,
du lockest mich zart,                               tú me atraes tiernamente,
es zittert durch all meine Glieder    un escalofrío cruza todos mis miembros,
deine selige Gegenwart!.                      tu bienaventurada presencia.

 (Hermann Hesse)
 "Las cuatro últimas canciones" de Strauss
Cuatro (1 de 4)



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martes, 18 de mayo de 2010

Conexión


No te das cuenta.
¿Cómo es que no te das cuenta? Me pregunto constantemente.
Para mí ... ¡es tan evidente!
¿Sabes?, hay algo que no sé explicar muy bien con palabras.
Creo que tú y yo, por alguna razón que desconozco, estamos conectados.


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lunes, 17 de mayo de 2010

"Idea profunda nº 9"

La señora Michel tiene “la elegancia del erizo”: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes.
...el señor Ozu me dijo que apostaba a que era una princesa clandestina y erudita.

"La elegancia del erizo".
Muriel Barbery

Lúcido y genial, como tú. Sumamente inteligente, como tú. Repleto de ideas peregrinas y originales, como tú.


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domingo, 16 de mayo de 2010

Palabras

Hay veces que, sin buscaros, os agolpáis por salir de dentro irrefrenables. Entonces me paro y os escucho. La insistencia con la que me llamáis la conozco. No me queda más remedio que abriros la puerta. Os libero.

Otras veces soy yo la que voy en pos vuestro; pero entonces, como niñas caprichosas, os guardáis recónditas de mí que oso perturbar vuestro sueño.

 A vuestra merced estoy como las hojas están del viento.




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viernes, 14 de mayo de 2010

"Palabra muerta, realidad perdida"

Mi memoria conserva apenas solo
el eco vacilante de su alta melodía:
lamento de metal, rumor de alambre,
voz de junco, también
latido, vena.

 Recuerdo claramente su erre temblorosa,
su estremecida erre suspendida
sobre un abismo de silencio y ámbar,
desprendiéndose casi
de la música oscura que por detrás la asía,
defendiéndose apenas
del cálido misterio que la alzaba en el aire
creando un solo cuerpo de luz y de belleza.

Luminosa y precisa,
yo la sentía en mi ser profundamente,
sabía su sentido,
descifraba sin llanto su mensaje,
porque acaso ella fuese
-o sin acaso: cierto-
la única palabra irrefrenable
que mi sangre entendía y pronunciaba:
una palabra para estar seguro,
talismán infalible
significando aquello que nombraba.

Como un perfume que lo explica todo,
como una luz inesperada,
su presencia de viento y melodía
hería los sentidos, golpeaba
el corazón,
estremecía la carne
con el presentimiento verdadero
de la honda realidad que descubría.
Pronunciarla despacio equivalía
a ver, a amar, a acariciar un cuerpo,
a oler el mar, a oír la primavera,
a morder una fruta de piel dulce.

Todo ocurría así, hasta que un día
la dije bien, y no entendí su cántico.
La grité clara, la repetí dura,
y esperé ávidamente,
y percibí, lejano,
un eco inexplicable, infiel
reflejo
que en vez de iluminar, oscurecía,
que en vez de revelar, cubrió de tierra
la imprecisa nostalgia de su antiguo mensaje.
Cuando un nombre no nombra, y se vacía,
desvanece también, destruye, mata
la realidad que intenta su designio.                                
                                   "Palabra sobre palabra"  Ángel González (1925-2008)

Palabra has sido tú.


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jueves, 13 de mayo de 2010

Azahar

  En  escasas ocasiones los jueves tarde, por circunstancias ajenas a mi voluntad, desaparece la comodidad del coche en los desplazamientos y se me otorga un regalo. Hoy ha sido uno de esos días privilegiados.

 Bien entrada la primavera, recorro el camino de vuelta a casa.

 El primer tramo, el más agradable, discurre entre campos de cultivo y naranjos.
Camino por la huerta, un extenso manto que se pierde en el horizonte; al oeste un frontis de lejanas montañas azules, el mar a mis espaldas al este, y un cielo de tarde primaveral saturado de nubes en infinitos colores.

 Respiro profundamente y voy llenándome de tonalidades en verde. El verde intenso de los naranjos, el verde-azulado de las verduras, sus matices en la variedad de cultivos y su brillantez en  los majestuosos árboles que, cuajados de frutos amarillentos adornando los jardines, encuentro a mi paso.

Alzo mi mirada y recorro con satisfacción el inmenso cielo del atardecer. Las nubes se entretienen en complicados y maravillosos juegos. Retozan en el azul aniñado del fondo los densos cúmulos de algodón; los cirros azules, grisáceos y añiles de imposibles formas volumétricas se afanan en lenta procesión. Incluso las casas de huerta y las que están apiñadas al fondo, ya dentro de la población, se mimetizan con los paisajes vangoghnianos que estoy pintando y que acabo de dejar guardados hasta las semana que viene.

Y si esto no fuera suficiente para henchirme de burbujeante vida, entorno los ojos mientras camino y me dejo inundar por el penetrante aroma que ha eclosionado tan virulentamente esta larguísima y lenta primavera.
Siento  la delicia de saborear muy poco a poco el caer de la tarde. 
Llevamos más de un mes aspirando un denso aire cargado de perfumes cuya base dominante es el poderosísimo azahar. 

Maravillosos los abriles y mayos en mi tierra.





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miércoles, 12 de mayo de 2010

Lakmé





Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín
se entrelaza a la rosa,
en la ribera florecida que sonríe a la mañana.

Deslicémonos suavemente en sus cautivadoras aguas.
Sigamos la corriente que huye.
En la onda que una mano
indolente estremece,
ven, ganemos la orilla
donde el manantial duerme
y el pájaro, el pájaro canta.

Bajo la bóveda frondosa donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos juntas!

**


Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín
se une a la rosa,
en la ribera florecida que sonríe a la mañana.

Deslicémonos dulcemente por su encantador oleaje,
sigamos la corriente huidiza
en la ola trémula
de una mano indolente.
Ven, lleguemos a la orilla
donde el manantial duerme y
donde el pájaro, el pájaro canta.

Bajo la bóveda frondosa, donde el blanco jazmín,
¡ah, descendamos/ juntas!

 
"Dueto de las flores" entre Lakmé y Mallika.

Lakmé (1883)
Compositor: Léo Delibes
Libreto: Edmond Gondinet y Philippe Gille, basado en la novela "Rarahu" o "Le Mariage" de Pierre Loti.
Acción: India, bajo el dominio inglés, a finales del siglo XIX



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martes, 11 de mayo de 2010

Rutas


Recorro la primera senda del día en silencio. Demasiadas voces desde la madrugada.



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lunes, 10 de mayo de 2010

Proverbio

“Deja que el carácter sea formado por la poesía, fijado por las leyes del buen comportamiento y perfeccionado por la música” 
                                                                    Confucio.

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domingo, 9 de mayo de 2010

Tu nombre


El aire tiene nombre, el tuyo.



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sábado, 8 de mayo de 2010

"Siete mares, trece ríos"

    
Pienso en ti cada día y te mando amor, hermana. Mando respeto a tu marido. Recuerdas esa historia que nos contaron de niñas y que empieza así?: "Había una vez un príncipe que vivía en una tierra lejana a siete mares y trece ríos de distancia". Así es como pienso en ti. Pero como una princesa.


"Siete mares, trece ríos".  Mónica Ali.

A siete mares y trece ríos de ti...


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viernes, 7 de mayo de 2010

Me subí...





    Me subí la primavera a casa.

Trencé un ramo de flores olorosas y abrí las puertas de mi hogar al aire de mayo.
¡Que se lleve el ambiente enrarecido, denso y de espera que fue el del otoño! ¡O el clamoroso y frío del invierno! ¡Que no se olvide de la atmósfera tensa e hiriente del comienzo de la primavera!
Que entre la primavera por mi puerta y barra, sacuda y renueve... 

 La primera floración tiene mucho de frescura, sorpresa, sutileza, novedad, suavidad, delicadeza y blancura.
 Mas cuando en plena estación, cuajan y explosionan todos los aromas a un tiempo, parece como si el ambiente, todo él, fuese una cortina traslúcida que hay que apartar para avanzar, tan intenso se vuelve el aire en mi tierra.

 Pero... ¿y  yo? -me pregunto-. ¿Cuándo me levantaré yo vestida de primavera?
Y apaciblemente espero... 

Me subí la primavera a casa.


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jueves, 6 de mayo de 2010

XLVI. "El jardinero". Tagore

Me dejaste y seguiste tu camino.

Creí que estaría de duelo por ti y que pondría en mi corazón tu solitaria imagen tallada en una canción de oro.
Pero, ay, aciaga suerte mía, el tiempo es breve.

La juventud se marchita año tras año; los días de primavera son fugaces; las frágiles flores mueren por nada, y el sabio advierte que la vida no es sino una gota de rocío sobre la hoja de loto.
¿Olvidaré todo esto para mirar a una que me volvió la espalda?
Sería necio y vano, porque el tiempo es breve.
Venid, pues, lluviosas noches mías con pies menudos; sonríe otoño mío de oro; ven desatento abril, que esparces tus besos a lo lejos.
Y ven tú, y tú, y también tú.
Amores míos, sabéis que somos inmortales, ¿es prudente romperse el corazón por una que lleva lejos el suyo?
Porque el tiempo es breve.

Es dulce estar sentado en un rincón cavilando y escribiendo en rima que tú eres todo mi mundo.
Es heroico abrazarse al dolor propio y decidir no ser consolados.
pero un rostro lozano se asoma a mi puerta y alza sus ojos a mis ojos.
No puedo sino enjugarme las lágrimas y cambiar la melodía de mi canto.
Porque el tiempo es breve.

"El jardinero".  Rabindranath Tagore

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domingo, 2 de mayo de 2010

Poema XIV

"Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos"

                                                                                      Pablo Neruda

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martes, 27 de abril de 2010

Luz de atardecer

"No os invoco"

Castaño centenario
que nos acogiste en tu desnudez,
cueva prolífica
que regala siempre un instante de paz
a los corazones heridos,
discúlpame hoy, no es a ti.

Hidra del pedregal,
amenaza detenida en el tiempo,
contraluz mágico al atardecer
que es imposible no seguir viendo
mucho después de haber partido,
lo siento, hoy no eres tú.

Madre primigenia del bosque,
origen de la vida que has poblado
en verde emoción fértil
el pedregal orgulloso de rodeno,
perdóname hoy, no te llamo a ti.

Sabéis que os amo,
pero no es vuestra magia
la que quiero hoy.
Hoy exijo un imposible.
Esta noche necesito en mi ayuda
a ese dulce sol,
ya cansado, del atardecer.

!Oh sol de la tarde!
Tú la viste,
como una diosa de obscena plenitud,
con la espalda apoyada
en el muro de piedra.
Tú iluminabas su rostro,
con tu último aliento cálido,
cuando estaba tendida
junto a mí en el claro del bosque.

!Yo te invoco, oh sol!
!Que yo siempre vea en sus ojos
la mirada que comprende,
que ella vea siempre en los míos
la mirada que acompaña!
!Que cada instante a su lado siga siendo
esa fiesta agridulce y descreída,
el gozoso encuentro mágico que es hoy!

Yo te invoco a ti, !oh sol del atardecer!,
 para que tu magia renueve
 para siempre este imposible
que sucede
y me da vida.

de P. A.




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viernes, 23 de abril de 2010

"23 d'abril"

"He buscado el sosiego en todas partes, y sólo lo he encontrado sentado en un rincón apartado, con un libro entre las manos".
 Carlo Dossi.



  23 d'abril. Diada de Sant Jordi.
      Día Internacional del libro.


Hoy, un libro, "Metales pesados" de Carlos Marzal y una rosa roja.


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jueves, 22 de abril de 2010

Intermezzo

Éste es "mi"  Intermezzo
Cavalleria rusticana. Pietro Mascagni.
"Intermezzo sinfónico".
Orquesta filarmónica de Berlín. Herbert von Karajan. 1971.





Aunque  Maazel me ha regalado un intermezzo inolvidable. Apoyada en el respaldo de la butaca del Palau me he dejado arrastrar de  la misma desesperación que Santunza.  Las notas flotaban en la sala y dentro de mí suspendidas indefinidamente. El final sinuoso y dulce, recoge la pasión dolorosa de Santa. Siempre me identifico con ella en este pasaje.
Así que digo que... el intermezzo soy yo.



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miércoles, 14 de abril de 2010

"Cantar de los Cantares"

¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene,
saltando por los montes, brincando por los collados.
Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo.
Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca,
mira por las ventanas, atisba por las rejas.


Empieza a hablar mi amado, y me dice:
"Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.
Porque, mira, ha pasado ya el invierno,
han cesado las lluvias y se han ido.
Aparecen las flores en la tierra,
el tiempo de las canciones es llegado,
se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.
Echa la higuera sus yemas,
y las viñas en cierne exhalan su fragancia.


 ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!
Paloma mía, en las grietas de la roca,
en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante,
déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante."


Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas
 que devastan las viñas,
pues nuestras viñas están en flor.
Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado:
él pastorea entre los lirios.


Antes que sople la brisa del día y se huyan las sombras,
retorna, sé semejante, amado mío, a una gacela
o a un joven cervatillo por los montes de Béter.


                                                                      Cantar 2, 8




Del  "Cantar de los Cantares de Salomón"

¡Quién pudiera ser la sulamita de este bellísimo poema!

domingo, 11 de abril de 2010

"Mathilde Wesendonck"

“Wagner me relegó de prisa. Apenas me reconoció cuando fui a Bayreuth. Y, sin embargo, yo soy Isolda”

Frase dicha por Mathilde en un libro de Louis de Fourcaud sobre Richard Wagner.

He aquí un poema de Mathilde publicado en su colección de 1862, poco tiempo después de que Wagner desapareciera de su vida.

“La Mujer abandonada”

Dí ¿por qué esta separación amarga?
Te llevas contigo toda mi felicidad.
¿Debo soportar yo el peso para ahorrártelo a ti?
¡Antes deja que vuelva a ser la que era!

Devuélveme la paz tan pura
que tu mirada robó de mi interior:
a aquélla de quien ha huido la felicidad del amor,
evítale también la pena del amor.

Tú me diste acceso a las alegrías del cielo
mediante un santo beso;
¡Ay! Se convirtió en la fuente de las lágrimas
que ya nunca podré dejar de verter.

¡Oh! Que nunca en los lejanos años
mi imagen aflija tu espíritu:
que no llegues a dudar nunca
de lo ardientemente que te he amado.

Suplico al cielo que vierta sobre tu cabeza
mis más abundantes bendiciones;
¡Suspiro para que se me escuche pronto
por una tumba solitaria y tranquila!
                                      
                                                                 Mathilde Wesendonck


***