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viernes, 15 de julio de 2011

Ophelia's dead


When I knew that I would come to London this summer, any moment  I didn't  think, that I would see  monuments, its famous streets, markets, parks or landmarks.

I only thought of one thing...that I could visit to Tate Britain and see the interesting painting that Millais painted in the midle of the 19th century, based on a drama, "Hamlet" by William Shakespeare.

"Ophelia"  is waiting for me.





***



sábado, 6 de diciembre de 2008

Recuerdo




"Recuerdo una noche de pleno verano. Yo, frenaba lo que mis labios insistentes pretendían decirte. En mi lucha descuidé mi pensamiento y me oí decir: "Vas a enloquecerme".
¡ Ay, qué fatalidad!


Sí, yo sigo trenzando flores cuando me deja el día. Sigo acercándome a la orilla del río para adornar el sauce en tu memoria. Cantando estrofas de viejas canciones, cantando y cantando… espero.

Y los ojos de la joven Ofelia me miran profundamente, entendiendo".

***

martes, 25 de noviembre de 2008

"La mort d'Ophélie"




Auprès d'un torrent Ophélie
Cueillait, tout en suivant le bord,
Dans sa douce et tendre folie,
Des pervenches, des boutons d'or,
Des iris aux couleurs d'opale,
Et de ces fleurs d'un rose pâle
Qu'on appelle des doigts de mort.
Ah!

*
Puis, élevant sur ses mains blanches
Les riants trésors du matin,
Elle les suspendait aux branches,
Aux branches d'un saule voisin.
Mais trop faible le rameau plie,
Se brise, et la pauvre Ophélie
Tombe, sa guirlande à la main. 

** 
Quelques instants sa robe enflée
La tint encor sur le courant
Et, comme une voile gonflée,
Elle flottait toujours chantant,
Chantant quelque vieille ballade,
Chantant ainsi qu'une naïade
Née au milieu de ce torrent.

***
Mais cette étrange mélodie
Passa, rapide comme un son.
Par les flots la robe alourdie
Bientôt dans l'abîme profond
Entraîna la pauvre insensée,
Laissant à peine commencée
Sa mélodieuse chanson.
Ah!
****
Berlioz: La Mort d'Ophélie
Texto de Ernest Legouvé.



" ...le he dado forma a la noche..."


***


Acerca de la Ofelia de Millais

Ophelia (1851-1852). Óleo sobre lienzo 76,2 x 11,8 cm. Tate Gallery, Londres. Sir John Everett Millais (1829-1896)

El cuadro representa la escena que le describe Gertrudis, madre de Hamlet, al hermano de Ofelia, Laertes.
La mejor imagen de Ofelia puede verse en la londinense Galería Tate, en un famoso óleo del precoz pintor John Everett Millais, considerado como el sucesor de Turner.

Inspirado comentario el de Sánchez Artola al óleo de Millais:

La figura de Ofelia está desapareciendo bajo las “gimientes” y sosegadas aguas, que son lo suficientemente diáfanas, como para no ocultar a nuestra vista sus brazos y torso parcialmente inmersos. Su hermoso rostro está ahora ausente en un gesto patético que conmueve profundamente. Los ojos inanimados, los labios entreabiertos, inertes y las manos en actitud de ofrenda, dejando escapar unas flores. La parte inferior de su cuerpo parece estar ya sumergida, permaneciendo en la superficie las piezas más vaporosas del pesado vestido, que al igual que sus largos cabellos, parecen resistirse a desvanecerse para siempre.


... Parece estar destinada a fluir disuelta en el agua, pero a la vez tangible e incorruptible, para, como sugiere Bachelard, aparecerse por siglos a los soñadores y a los poetas, flotando en su río. Junto a ella sobrenadan las flores que había recogido. Flores que están modeladas con una precisión y una minuciosidad asombrosas. Algunos críticos contemporáneos del autor no encontraron encanto alguno en esta pulcritud realista de Millais; su exuberancia naturalista les parecía una complacencia innecesaria e indolente, un desacierto que hurtaba eficacia dramática a la protagonista de la historia. Nada más lejos de la realidad. El conjunto de la composición es soberbio, y a pesar de eso nada impide que cuando nos encontramos con el lienzo, la mirada se desvíe empática e ineludiblemente hacia la desdichada.


Ya en los prolegómenos del fatal desenlace de Ofelia, ésta recurre a las plantas para transmitir sus cuitas a Gertrudis. Con intención incierta le ofrece unas hierbas reputadas entonces por sus efectos beneficiosos, pero también por su efectos abortivos, el hinojo y la ruda, a la que además se le atribuía eficacia para exorcizar demonios, y también palomilla, una planta que a altas dosis resulta igualmente tóxica: “…hinojo para vos, y palomillas y ruda... para vos también, y esto poquito es para mí. Nosotros podemos llamarla yerba santa del Domingo,... vos la usaréis con la distinción que os parezca...”. En tono mordaz y atormentado denuncia la muerte de su padre Polonio a manos de Hamlet: “…Ésta es una margarita. Bien os quisiera dar algunas violetas; pero todas se marchitaron cuando murió mi padre. Dicen que tuvo un buen fin...”


Tras la desaparición de Ofelia, una vez más, los personajes evocan mediante este recurso estilístico lo que no se atreven a verbalizar. Gertrudis, al relatar a Laertes el desgraciado episodio, lleva a escena las flores que supuestamente Ofelia ha recogido antes de precipitarse al río y que tienen una trágica carga simbólica. Millais no hizo sino mantenerse fiel al artificio alegórico shakesperiano. Violetas enguirnaldadas abrazan el cuello de la joven, siendo estas flores un icono de la desesperanza y de la muerte prematura. Flotando en el agua hay esparcidos: pensamientos, alegoría del amor no correspondido, y amapolas, símbolo del adormecimiento y la muerte. También vemos: nomeolvides, ulmarias, ortigas, narcisos, margaritas, coronas imperiales, lirios, adonis, dedos de muerto… incorporados no como aderezos pueriles, sino como metáforas tanto de los defectos de Hamlet como de los sentimientos taciturnos de Ofelia. Que Millais hubiera prescindido de esta abundancia iconográfica o que no se hubiera esmerado en su reproducción hubiera sido incoherente.


La muerte de Ofelia en la obra de Shakespeare es fuente de un perpetuo ejercicio especulativo, pues el hecho luctuoso no sucede en escena. Es narrado por boca de Gertrudis, quien explica que ha caído involuntariamente al río y en su desvarío se ha dejado llevar: “…Llegada que fue, se quitó la guirnalda, y queriendo subir a suspenderla de los pendientes ramos; se troncha un vástago envidioso, y caen al torrente fatal, ella y todos sus adornos rústicos. Las ropas huecas y extendidas la llevaron un rato sobre las aguas, semejante a una sirena, y en tanto iba cantando pedazos de tonadas antiguas, como ignorante de su desgracia, o como criada y nacida en aquel elemento. Pero no era posible que así durase por mucho espacio. Las vestiduras, pesadas ya con el agua que absorbían la arrebataron a la infeliz; interrumpiendo su canto dulcísimo, la muerte, llena de angustias”
El accidente se transmuta en acto deliberado en el acto V, en la conversación de los sepultureros “¿Y es la que ha de sepultarse en tierra sagrada, la que deliberadamente ha conspirado contra su propia salvación?”. A los ojos del criticismo en general y del poético en particular, los tristes avatares de su vida, su estado delirante, y el mismo sentido lírico hacen más apetecible la tesis de la muerte suicida, más por abandono que por acción.


La pintora, poetisa y arquetipo estético prerrafaelista Elisabeth Eleanor Siddal, fue la paciente modelo de esta obra magistral, en interminables sesiones en las que posaba sumergida en una bañera con un precioso vestido antiguo que el pintor había encontrado para la figuración. Según cuenta el hijo de Millais en su obra biográfica sobre su progenitor, un día no se pudo calentar el agua y Elisabeth enfermó durante varios días. El padre de la artista se enfadó considerablemente con el pintor, requiriéndole una satisfacción económica. Lo cierto es que una vez recuperada del enfriamiento “acuático” no volvió a trabajar para Millais.


La infeliz y enigmática Ofelia shakespeariana, fuente inagotable de inspiración artística, literaria y filosófica, sedujo a Millais, quien forjó una reinterpretación pictórica realmente sobrecogedora. Si bien el tema central de la obra es el mito ofeliano, el melancólico escenario natural que lo enmarca es admirable. El entorno es frondoso y brillante en colorido, de suerte que, no resulta opresivo a pesar de ser testigo de la tragedia. Este paraje apropiado para su inspiración y capturado de manera fidedigna, lo había encontrado el pintor tras una ardua búsqueda, acompañado de su amigo Hunt, cerca de Ewen en un remanso del río Hogsmill.



***


domingo, 23 de noviembre de 2008

Ofelia en la noche



"Sentada en la orilla, entre la hierba audaz que bordea el río, miro embelesada las flores que adornan tu delgado y majestuoso cuerpo. Hundo mis manos en las transparentes y tranquilas aguas que te envuelven y cerrando los ojos escucho el profundo silencio de tu eterna muerte.

"Yo, como Ofelia canto estrofas de antiguas canciones..."
Yo, como tú, trenzo guirnaldas de flores para evocar a mis muertos.

Algunas noches bajo a acompañarte y te acuno cálidamente con una cantata, frágil y delicada. Acomodo tus obsesiones, tu juventud, tus cantos, tu súplica, tu vida y tu muerte entre los míos, mientras mece, la suave brisa nocturna, tu interrogadora mirada y tus implorantes manos.

Entonces un último hálito sacude el tiempo y descansamos las dos en brazos de lo eterno".



***

sábado, 8 de noviembre de 2008

Ofelia

Allí donde en el río crece un sauce recostado,
que refleja hojas blancas en el agua cristalina.
Allí, mientras tejía fantásticas guirnaldas
de ranúnculos, ortigas, margaritas y esas flores alargadas
que los pastores procaces llaman con nombres soeces,
pero que en boca de nuestras doncellas no son
sino “dedos de difunto”. Allí, cuando trepaba
para colgar en el árbol su corona silvestre,
rompiose una rama pérfida, y cayó ella, y sus trofeos
floridos en aquel arroyo de lágrimas. Extendidos
sus ropajes en el agua, salía a flote cual sirena,
y cantaba estrofas de antiguas canciones,
inconsciente del peligro, o como hija del agua,
acostumbrada a vivir en el propio elemento.
No paso mucho tiempo, sin embargo,
sin que el peso de sus vestidos empapados de agua
arrebatara de sus cánticos a la infeliz, arrastrándola al cieno de la muerte.


William Shakespeare. "Hamlet. Acto IV, escena 7" (1599)


***